El quinto disco de Winona Riders se llama “0%” y todo parece indicar ¡qué paja!. Paja vivir. Paja ver que todo se va bien a la concha de la lora. Pero bueno, es como un necesario impacto de rolito que se estampa en el pecho de lo impuesto. Es, también, hastío, cansancio, desesperanza y otra vez sopa. Todo es una mierda y aunque se reniegue, tiene mucho que ver con que el rock sea contracultural y ellos estén enarbolando esa bandera a su manera.
En épocas de guerras virtuales con drones y pantallas, el grupo del oeste bonaerense recuerda que hace ya un largo rato que la batalla es cuerpo a cuerpo y no por TikTok. “Él nos reprimió por escuchar a los Rolling Stone por eso hacemos rock and roll” dice la letra de “Adiós (A Dios)”, como una declaración de principios, en tono de reproche generacional, porque ellos aclaran de entrada que “0%” no es un álbum, es precisamente eso: una declaración.
La fuerza de esta banda retoma el sendero de ese sonido abrumador, inconformista y potente que los caracteriza, expresando una rebeldía que no se convierte en resignación. Con críticas al mundo actual y a la industria musical desde un lugar “me chupa un huevo lo que opines vos porque esto es lo que yo opino”. “Porque no voy a hablar con él. Y no voy a cenar con él. Ni tocar en ese lugar. Ni salir por ese canal” canta Ariel Mirabal Nigrelli en un rock espeso (“Lisas y rayadas”) que sobre el final remata con la frase: “Yo quiero salvar vidas con dos acordes”.
“El rock no cura, calma el dolor” escribió en más líneas consecuentes de reflexión poética contracultural el Ruso Verea en Instagram, en una especie de prólogo de este lanzamiento a menos de seis meses de lo que fuese, en octubre de 2025, la salida de su predecesor (“Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal”). Buen momento el actual para que Gabriel Torres Carabajal protagonice con pandereta y tome con su voz sumergida en un efecto grunge el micrófono para “La letra chica”.
Winona Riders produjo este propio disco y eso se nota porque les permitió continuar su estilo, sin valerse de tiempos o estándares de publicación. Y quizás les importe poco sonar a través de una guitarra Gibson o una gauchita Faim porque lo que incumbe es la proclama. Lo que tienen para decir y como lo están diciendo.
Hay tiempo y lugar también para la ironía en “El rock and roll está matando a mi rock and roll”. Y así que les gusta hacerse el Lou Reed con un efecto fuzz agresivo y saturado en “Génesis” que también coquetea con el dub.
Describir lo técnico en el desempeño del quinteto parece aburrir. Y por allí surge un sifonazo punk en “Media vida” pese a que después desacelera en un pasaje instrumental como una grieta para enlazar con la electrónica en “Nuevos hechos emergen”. “No es un hit, es una declaración”, aclaran por si cabe alguna duda. Luego, casi nueve minutos dura el contundente y certero proyectil “Yo no disparo, yo soy la bala” para una de esas sesiones bien al estilo WR.
Sus referencias musicales se sienten con naturalidad en el rasguido de “Cosas que no puedo contar” y la industria del chimento se relame (con guiños de complicidad al episodio de los hielos en la noche de Peligrosos Gorriones en el Festival Refresco) porque a días del hecho se publicó una demo de “Santo sagrado de las traiciones”, tema número 11 de este “0%”. “Santo sagrado de las traiciones te pido perdón por esta noche. Santo sagrado de las traiciones te pido por favor que no me perdones” son los versos que dejan, a criterio del oyente, asegurarse si la historia que se cuenta en la canción tiene que ver con lo que pasó o tal vez no.
Para el final se despiden con un par de instrumentales que en suma dan alrededor de 8 minutos de sonido (“Winona bootlegs” y el homónimo). Dos lanzamientos, dos obras en menos de un año para expandir la discografía de Winona Riders y proponer, en este caso, un ambiente tan denso como maleable, donde la oscuridad comanda pero también fluctúa, y la luminosidad ofrece espacios de quietud expansiva.
A continuación, "0%" de Winona Riders:
